jueves, 12 de enero de 2012

Una crisis NO sólo económica

Es fácil creer que la culpa recae en aquellos que tienen el poder. Que a ver, no quiero dejar exento a ninguno de los mandatarios que gobiernan este puto/maldito país. Pero quiero hacer una pequeña reflexión más allá de lo que podría considerarse la punta del iceberg. Quiero, con el permiso de aquellos que me leen, dar un punto de vista diferente a lo que podría tratarse de una crisis educativa, cultural y tradicional española.



España entra en una crisis económica debido a diferentes razones, principalmente basada en una gran burbuja inmobiliaria, una corrupción político-económica y un gran índice de dinero B corriendo por manos de los españoles. Como consecuencia, un destrozo. Vivíamos en un país de austeridad, sin correr grandes riesgos, en donde la legislatura de Zapatero confirmaba que por lo menos, una gran mayoría del país, era de raíz socialista. Eran buenos tiempos para todos hasta que sonó de lejos la palabra "crisis"...



Retomemos el principio. Cerca de un 30% de los jóvenes españoles no habían superado el bachillerato en 2005. Casi un 40 % carecía de estudios especializados (FP, Diplomatura, etc). La preocupación por vivir el día a día se puso de moda y, era más importante tener dinero para poder salir de fiesta, a cenar, tener el armario lleno e incluso poder comprarse un coche que luego no podrán pagar. Quiero decir con esto que, la educación y disciplina impuesta sobre las nuevas generaciones han modificado la calidad del voto y ha favorecido una caída en picado de lo que todavía llamamos "crisis económica". Además, han provocado que la especialización y la buena formación brille por su ausencia, careciendo de personal cualificado para poder sacar adelante desde una empresa como una familia.
No se puede votar con coherencia sin saber lo que es la política en sí, sin saber en qué va a repercutir en tu vida tanto profesional como personal. Y por consiguiente, una persona incapaz de poder decidir con conciencia recta de lo que hace, lo veo incapaz de poder manejas problemas tan terrenales y diarias como el propio trabajo...

Y la cosa no queda ahí. No es el primer año que estamos en crisis, ni siquiera el segundo o el tercero. Nadie ha tenido valor de despegar sus labios para gritar el querer una democracia y una gestión más justa. Nadie. Y ahora, seis o siete días antes de unas elecciones municipales cuyo ganador estaba más que cantado, miles de jóvenes salen a la calle para pedir una justicia que por desgracia parece utópica. Y ya no solo justicia, piden (pedimos) que nos hagan caso, que se fijen en que queremos levantar España cueste lo que nos cueste y que para ello, lo primero que tienen que hacer es ganarse nuestra confianza. Nosotros, los que vemos más allá del horizonte, los que creen que existen metas incalcanzables. Esos, son los que deberían de ir de la mano con la política. Pero, ahora, todos somos revolucionarios, todos, con tal de poder gritar sea cual sea el mensaje, queremos estar en ese acontecimiento tan conocido como es el #15m. Hace dos días eran "cuatro chalados" que daban el follón y ahora son los "héroes del cambio en la política español".

Este país, donde la incultura está presente en muchas de las esquinas, necesita además de un cambio político, una mentalidad puramente europea. Una mentalidad revolucionaria, pero no hipócrita y unos valores socioculturales que sólo la mismísima vida puede repartir entre la gente, pero que por desgracia, ésta no sabe donde se encuentran.

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